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NIURKA SILVERA SEGURA

Ideas teológicas de Niurka Silvera Segura

3 Julio 2007

DE LA POÉTICA HEBREA A LA POÉTICA CUBANA

1

DE LA POÉTICA HEBREA A LA POÉTICA CUBANA

“El descubrimiento pleno de la poesía hebrea

como realidad artística, para el disfrute y para el

estudio histórico, es relativamente reciente. Los

israelitas supieron apreciar sus textos y libros no

solamente como texto sacro, sino también como

textos literarios o poéticos: la conservación de

leyendas, relatos épicos, cantos líricos, la

imitación de poemas y el uso consciente de

procedimientos literarios muestran que para los

israelitas esos textos tenían un valor literario, no

menos que religioso.” 1

“Porque aún cuando la experiencia encarnada sea

en absoluto espiritual, el idioma poético, la

voluptuosidad del sonido, de la medida y la

consonancia, que desbordan como un número

imprevisible e irremplazable, nos hunden un

refinamiento cada vez más saturado por las

tentaciones del tiempo”. 2

Sin embargo, el decursar del tiempo nos impone, la visión de las jerarquías de la metáfora y

en último término las distancias musicales del idioma, la humareda o nevada de palabras, su

sabor atado férreamente, aluden siempre a la vocación inflexible del poeta, refractada según

la historia. Al respecto, son diversos los escritores que hablan de una poética de la

fugacidad, es decir, una intuición que en su esencia no es fugaz pero que está impulsada en

su origen por un hambre de eternidad.

“Pero el saber que llamamos poético, esa intuición

del alma (penetradora, centralmente, de la

realidad temporal) que el espíritu expresa, por un

lado está desde luego sustraído a toda acción

utilitaria y a toda determinación impulsiva desde

el punto de vista vital, pero, por otro, tampoco

podemos identificarlo con la alegría y la libertad

que corresponden a la forma espiritual pura, y

que es causada no por una satisfacción, como

ocurre en la paz del instinto ahíto, sino por una

1Alonso Schökel: p.17

2Vitier: Poética, p.71


2

trascendencia que se abre a la esencia del ser y la

traspasa.” 3

Es la esencia que en ocasiones nos hace recobrar el sentido del instinto poético, y aunque

éste es interpretado, infinidades de veces, por el lente crítico del escritor, nunca llega a

fomentarse a plenitud. De ahí, que hablemos de una poesía que se nutre de la universalidad

de las verdades culturales, permeada de tropos diversos que vienen a posarse como

amalgama inefable. Hablar de la poesía hebrea a la cubana, sería como entretejer ese

misterioso don que poseen algunos elegidos y que no pocas veces se considera tanto más

valioso cuanto menos personas lo entienden. Quizás, estuviéramos hablando de una

apreciación poética que logre convencer a algunos y a otros, más bien desconcertar. Por

ello consideraría, aún mejor, exponer desde una relacionalidad los puntos comunes entre

ambas poéticas; es decir, los mecanismos básicos que componen la unidad de la expresión

poética hebrea y cubana.

Empezaríamos diciendo, que, en cuanto a poética hebrea se trata, «al intensificarse la

conciencia del carácter sagrado de los textos, decae la conciencia de su valor literario y

poético. Así sucede que, aunque los judíos siguen componiendo textos literarios (que

llamamos apócrifos) y estudian apasionada y minuciosamente los canónicos, apenas tienen

en cuenta su dimensión literaria». Tal vez por ello, sólo perviven imitaciones empíricas y

éstos al establecer contacto con los griegos no crean una retórica y una poética hebrea. Sí,

sé que te preguntarás: ¿entonces cómo vamos a hablar de una poética hebrea? Pero es que

ya en la época del renacimiento, «en polémica contra la escolástica los humanistas

enarbolan la Biblia para justificar su actividad poética o para exaltar el valor de la poesía

frente a la especulación (Albertino Mussato, 1329; Dante y Boccaccio)». Se intuye que en

ésta etapa se reconoce el valor literario de la Biblia; un ejemplo de esto, pudiéramos

apreciarlo en Fray Luis de León (1527-1591), modelo de humanismo cristiano que fue

capaz de gustar y valorar la poesía bíblica no menos que la latina. Por sus explicaciones

sobre la lengua hebrea, por su exposición del Cantar de los Cantares, etc. A la par de éste,

también se destacaron otros escritores como Roberto Lowth (1710-1787), entre otros.

Tal como pueden apreciarse diferentes géneros poéticos en la literatura hebrea; es decir: el

canto, el proverbio o parábola, el salmo, el oráculo (conminatorio), el enigma, la elegía, la

bendición o maldición. Pudiéramos afirmar, que los israelitas no elaboraron un sistema fijo

de categorías literarias ni dieron mayor importancia a la clasificación. No obstante, una

lectura minuciosa nos permitirá apreciar, no solamente, los relatos de carácter épico sino

también los géneros populares y cultos. Entre estos, mencionaremos: Canto de trabajo(Nm

21,17); Coplas de vendimia y lagar(Jer 49,23); Cantos de danza(Ez 15; Sal 149); Canto de

desafío( Gn 4, 23-24); Canto de centinela(Is 21,12); Refranes (prov.); Acertijos(Jue 14);

entre otros. Y es que son estos géneros los que más se acercan a nuestra poesía, tal vez por

ello, tantos escritores se han inspirado en ellos para dar continuidad o quizá, tratar de

contextualizar, un poco, esa descripción de la naturaleza que queda englobada en la

alabanza litúrgica o sapiencial.

3Idem: pp.68-69.


3

«Todo poema es así la lucha del éxtasis y el

discurso. Por el éxtasis del discurso hay que sacar

el idioma a su intemperie, hacia donde ya es sólo

un frenesí litúrgico, hacia donde se deshiela su

costumbre y resplandece fundido a la inefable

tormenta de nuestro origen.»4

Lo que se percibe hasta ahora, en relación con la poética hebrea; y ya no estamos hablando

de sus diferentes géneros, ya que será un tema que abordaremos más adelante, sino del

seguimiento de ésta o de su repercusión en la sociedad cubana; lo pudiéramos puntualizar

en las palabras de Vitier cuando se refiere a:

«La posibilidad de poesía brilla siempre en este

sueño transparentador de la memoria, que a su

vez aparece o desaparece por su propia ley

desconocida, ley de gracia (...) Desaparece el

pasado en cuanto éste significa una experiencia

terminada, o el simple recordar u olvidar unos

sucesos, y se abre resplandeciente como vida sin

peligrosidad vital, como promesa de vida de lo

intimo del espíritu, no ya en cuanto el espíritu

representa la jerarquía de la objetividad, sino en el

aspecto cristiano de un espíritu encarnado, capaz

de vivir y padecer dentro del orden supremo de la

salvación.» 5

Si partimos de que la poesía es la experiencia de la vida, de una historia personal o de un

cuerpo animado por un soplo de energía, y teniendo en cuenta los diferentes géneros

literarios llegados a nuestra poética cubana; quizás cabría la afirmación de un seguimiento

de la poética hebrea. Pero, no pudiéramos obviar que «la concepción de la poesía que

aparece en la Biblia, no tiene el menor contacto con eso que llamamos creación

imaginativa. No sólo porque nace de la revelación del Dios vivo, sino porque su visión de

las cosas es distinta. Para los griegos los dioses vigilan e intervienen en una realidad que

por sí misma, en su concreta inmediatez, tiene un sentido estrictamente humano y temporal

(Vitier: p. 113)» Pareciera que, los dioses tomen partido en las luchas de los hombres, pero

esa vida de los hombres no explica de ningún modo la vida propia de los dioses, ni al revés.

Se trata de dos razas completamente diferentes, la de los hombres y la de los dioses.

Sin embargo, para el judío del Antiguo Testamento, y más tarde para el cristianismo, por el

sentido parabólico, las experiencias de la realidad concreta sin dejar de ser temporales, son

al mismo tiempo imágenes de lo eterno. Un ejemplo de ello, pudiera verse en la zarza

ardiendo que ve Moisés, ésta no es mitológica, sino terrenal e inmediata. Es impresionante

que aunque éste no sólo es incapaz de utilizar su fe en una semejanza identificadora (fuego-

4

Cintio Vitier: Poética, pp 65-66.

5

Idem: p 75.


4

dios), donde tampoco se le ofrece un espacio vacío para que sea llenado por su imaginación

con creaciones fabulosas; a diferencia, se trasluce una interrogación poética (por qué no te

consumes zarza) que lo lleva a relacionarse con lo trascendente e inmediato.

Una revelación trascendente que utiliza lo real y lo cotidiano; desde esta perspectiva, se

intuye que:

«Yo soy», en la visión de Moisés, coexiste con el

fuego, respetándolo, porque también el fuego es,

en su medida: no viola Dios ninguna forma ni la

prostituye como vestuario insustancial; y cuando

hace que la zarza no se consuma, nos está dando,

entre otros, un símbolo espléndido de lo que debe

entenderse por poesía cristiana: la poesía de la

realidad visible, ardiendo, aquí y ahora, en el

fuego de lo invisible.6

Sucede lo mismo con los sucesos de la familia y de la especie, las experiencias personales y

el drama de la redención, las cuales se interpretan y se fundan en un constante devenir de

símbolos trascendentes. Partiendo de lo afirmado, pareciera que el Antiguo Testamento es

una prefiguración y profecía de Cristo. A manera de conclusión, cabe destacar lo siguiente:

«Hay poesía al principio, hecha de imágenes

reales, pero sin imaginación, fundada sólo en una

experiencia que es a la vez inmediata y simbólica,

concreta y alusiva, sin que ambas instancias

puedan separarse. Esa es, en verdad, la más

entrañable inspiración de la poesía cristiana. La

fidelidad poética se refiere esencialmente a esa

inspiración, que desde luego suele aparecer

entrelazada con las consecuencias de la tradición

helénica, y que en esta misma tradición, aún

antes del cristianismo, se intuye también como un

elemento natural de la actitud poética.» 7

Del mismo modo, intuimos que la literatura del Antiguo Testamento es una literatura culta,

de larga y firme tradición, abierta a influjos extranjeros, ejercitada en elaborar y reelaborar

materiales precedentes y ajenos. No sería extraño, descubrir en esta una diversidad de

géneros mixtos, difícil de clasificar por las obras posteriores. De ahí, que el estudio de los

motivos que pueden emigrar y residir en géneros diversos llegue a ser tan importante como

el estudio de los géneros literarios abordados. He aquí, por tal motivo, la necesidad de

conocer acerca de los diferentes elementos que componen la poética hebrea; entre los

cuales resaltan por su importancia: los procedimientos poéticos (vocabulario, recursos del

lenguaje, material sonoro, formas, asonancia, entre otros). Del análisis de estos, es que

algunos autores se han percatado de que «la poesía puede caer en prosaísmos y trozos

6 Vitier: p 119.

7 Idem: p 113.


5

versificados que catalogamos entre la poesía bíblica, aunque sean más didácticos que

poéticos; así se destacan, muchas instrucciones del Eclesiástico».8

En la poética hebrea, es frecuente comparar la vida humana a una flor, a la hierba que se

seca (Sal 90,4-6), a las hojas de un árbol (Is 64,5; 1,30), al mar (Job 24,14), al sol y la luna

(Sal 19,6; Jue 5,20); también la poética cubana exterioriza elementos heredados y

aportados de la poética hebrea. Uno de los más importantes, utilizado por gran parte de los

poetas y poetisas, es la descripción de la naturaleza. Así, la naturaleza es un inmenso ser

invisible, capaz de pensamiento, de voluntad y de realización de acciones deliberadas: un

ser dotado de anima. De ahí, que sea personificada, concebida como un ser capaz de desatar

tormentas, favorecer o perjudicar cosechas, escuchar ruegos, etc. Por consiguiente, no sería

raro dirigirle súplicas o quejas, brindarle ofrendas, hacer danzas y otras ceremonias en su

honor. Por otra parte, encontramos la naturaleza sumergida en una profunda poesía erótica

y amorosa, algo así como una prosecución del Cantar de los Cantares, esto pudiéramos

verlo en la poesía de Rafael Cepeda:

Dispondré para ti la mesa,

coceré para ti mi pan.

Mi copa está rebosando.

Llenaré tu copa con los racimos de mi viña.

Morena eres, y hermosa,

como las colinas de Quebar.

Tu tallo florecerá, y tu capullo dará su aroma.

Escucharás mi canto,

el cantar de los cantares,

el más excelso poema.

Verás todas mis auroras y todos mis

crepúsculos,

te entregaré mis macizos de azucenas,

te vestiré de azul, púrpura y grana.

Te arrullaré como a paloma.

Yo me levantaré y saltaré gozoso,

como el ciervo y el gamo

entre los áloes y los nardos.

Tú cimbrearás de alegría,

como un tizón delante de una tienda. 9

Otro elemento en nuestra poética cubana con similar importancia al de la descripción de la

naturaleza, lo podemos encontrar en la aprehensión de la realidad. Tal como sucede en la

poética hebrea, donde gran parte de su elaboración se nutre de elementos de la realidad, así

también, en la nuestra se produce un develamiento de sus significaciones esenciales. «Si la

poesía de los siglos XVI y XVII tuvo la misión de fijar la imagen física del mundo (y a

8 Schökel: pp 35-37.

9 Cepeda: Cantar de Cantares, 1960.


6

veces interrogarla con desesperación genial: es el caso de Quevedo); si la poesía del siglo

XIX y las primeras décadas del siglo XX desarrolló la actividad imaginativa, la poesía de

nuestro tiempo tiene la misión, (...), de penetrar en las esencias de la realidad y colaborar en

su transformación (...)» (Mirta Aguirre: Valoración de la poesía. S/f, p 33).

¿Y por qué no puedo ser

socialista y cristiano,

si las dos cosas pueden ir

mano con mano?

Cristiano y socialista.

(Aunque quizá no marxista,

por lo que implica

de ateísta y materialista.)

Antes que todo

el mayor objetivo

es el hombre, el hombre vivo,

palpitante y sufriente,

el otro hombre, el mundo, la gente.

La redención

del hombre esclavizado

por el pecado,

que es, en mucho,

la destrucción

de su dignidad, alienado

por el sistema capitalista.

¡Liberación

a la vista!

Cristiano y socialista.

Mano con mano:

socialista y cristiano. 10

Y es que las esencias de la realidad son disímiles, si tenemos en cuenta que nos

enfrentamos a una realidad cambiante, es decir, en constante transformación. Estaríamos

hablando de una periodización poética donde se produce un metamorfismo de la realidad,

en el que se tienen en cuenta elementos tan específicos como el acervo cultural, la

idiosincrasia, la política, la utopía y su celebración, etc.; en fin, una ubicuidad de la

realidad. Como lo específico de cualquier país, que en nuestro caso, lo cubano, se

exterioriza en la poesía más por tácita añadidura que por decisión o relieve explícito.

«Desde luego que no nos preciamos de haber encontrado lo cubano enteramente; pero

además sabemos que ello es imposible, y menos en cuanto a encarnación poética, porque

entonces nos faltaría el decisivo reverso oscuro, la sobreabundancia del ser, la apertura de

su libertad hacia lo desconocido, que es precisamente lo que le da, en la lucha con las

10 Cepeda: Ubicación, 1970.


7

fatalidades de cada momento, profundo y dramático interés a los rasgos de su alma»

(Vitier: Lo cubano en la poesía, p 398).

«Considerando la totalidad del proceso hasta

nuestros días, y con independencia ahora de sus

manifestaciones literarias sucesivas, esas diez

especies, categorías o esencias de lo cubano

reveladas en nuestra poesía, pueden nombrarse

así: Arcadismo, Ingravidez, Intrascendencia,

Lejanía, Cariño, Despego, Frío, Vacío, Memoria,

Ornamento (...) cada una de las especies o

esencias nombradas, incluye un cúmulo de

valores y significados que han ido revelándose

en el proceso histórico. Algunas atraviesan

nuestra poesía desde los orígenes hasta hoy,

otras tienen su mayor vivencia en la Colonia,

otras aparecen o se definen más visiblemente

con la República.» 11

Cada una de estas categorías aparece de manera detallada en la obra “Lo cubano en la

poesía” de Cintio Vitier. Estas, al igual que, la poética hebrea, tratan de reunir elementos

tan importantes como: la naturaleza, el misterio de lo débil, la fuerza de lo suave, la

antisolemnidad, la imagen mítica, la historia, la cultura, la familia, la vida oculta, el

desamparo, la cotidianeidad, lo heroico, el filigrana vegetal, etc. Sin embargo, a pesar de

los diferentes sistemas estilísticos, pudiéramos afirmar que pese a la prismaticidad de la

poética cubana con respecto a la hebrea; en síntesis con la más reciente poesía, despojada

de los tiempos de sociedad y revestida de los tiempos de solidaridad, se percibe un

estancamiento poético. Algunos aluden a las coincidencias de la poética actual con rasgos

del postmodernismo*, así como las interesantes similitudes entre la estética neoclásica y

algunos principios de moda. De ahí, que continúen afirmando, «muchos celebran el

ingenio, la paradoja y la ironía como procedimientos centrales de la poesía».12 Como

consecuencia, baste considerar las palabras de Luis Cernuda:

«Es necesario que el poeta, haciendo suya la

tradición, vivificándola en él mismo, la modifique

según la experiencia que le depara su propio

existir, en el cual entra la novedad, y así se

combinan ambos elementos. Hay épocas en que el

elemento tradicional es más fuerte que la

novedad, y son épocas académicas; hay otras en

que la novedad es más fuerte que la tradición, y

son épocas modernistas. Pero sólo por la

11 Vitier: Lo cubano en la poesía, p 399.

* Roberto Fernández Retamar: Antipoesía y poesía conversacional en América Latina. La Habana: Casa, 1969, p 262.

12 René Wellek: Historia de la crítica moderna. Madrid: De. Gredos, 1969, 1, p 12.


8

vivificación de la tradición al contacto con la

novedad, ambas en proporción justa, pueden

surgir obras que sobrevivan a su época.» 13

No cabe duda que de lo trascendente ha emanado una poética venida no sólo a despeinar

nuestra cultura cubana, sino ha perpetuarse en un pueblo digno de afirmar:

«Somos libres e independientes por esencia, lo

cual no significa que no nos esforcemos hacia la

encarnación visible de ese espíritu, según las

tradiciones de nuestro siglo épico (...) No se trata

de la estoica libertad de la conciencia ni de la

libertad como fatum del existencialismo, sino más

bien de la libertad del aire que riza las aguas cada

mañana como en el Principio. No traicionar esa

libertad, esa apertura, esa dichosa esencia

inalcanzable de nuestra alma, es el deber más

profundo que tenemos (...) Porque la poesía nos

cura de la historia y nos permite acercarnos a la

sombra del umbral. Y en ella podemos atravesar

las categorías sagradas de nuestro ser para que

sea posible la comparecencia en al luz: «ni oculto

ni exterior, sólo mirado». Para que sea posible de

nuevo la Palabra, y todo se pierda otra vez en el

misterioso rumor de los orígenes.» 14

13 Luis Cernuda: Estudios sobre poesía española contemporánea. Madrid: De. Guadarrama, 1957, p 19.

14 Vitier: Lo cubano en la poesía, p 406.


9

Bibliografía:

AGUIRRE, MIRTA. Valoración de la poesía. La Habana: Ministerio de Educación,

s/f.

ALONSO SCHÖKEL, LUIS. Hermenéutica de la palabra. Madrid: Eds. Cristiandad.

V-1 y II, 1987.

CEPEDA, RAFAEL. Poesías: Cantar de Cantares, 1960. Ubicación, 1970. s/e.

CERNUDA, LUIS. Estudios sobre la poesía española contemporánea. Madrid: Ed.

Guadarrama, 1957.

FRENÁNDEZ RETAMAR, ROBERTO. Antipoesía y poesía conversacional en

América latina. La Habana: Casa, 1969.

PRATS SARIOL, JOSÉ. Por la poesía cubana. La Habana: Eds. Unión, 1988.

VITIER, CINTIO. Poética. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1997.

Lo cubano en la poesía. Ed. Letras Cubanas, 1998.
WELLEK, RENÉ. Historia de la crítica moderna. Madrid: Ed. Gredos, 1969.

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Licenciada en Teologia, Especialista en Griego Antiguo, Empresaria Inmobiliaria, Investigadora, Escritora, Amiga, Mujer, Poetisa.

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