DE LA POÉTICA HEBREA A LA POÉTICA CUBANA
1 DE LA POÉTICA HEBREA A LA POÉTICA CUBANA “El descubrimiento pleno de la poesía hebrea como realidad artística, para el disfrute y para el estudio histórico, es relativamente reciente. Los israelitas supieron apreciar sus textos y libros no solamente como texto sacro, sino también como textos literarios o poéticos: la conservación de leyendas, relatos épicos, cantos líricos, la imitación de poemas y el uso consciente de procedimientos literarios muestran que para los israelitas esos textos tenían un valor literario, no menos que religioso.” “Porque aún cuando la experiencia encarnada sea en absoluto espiritual, el idioma poético, la voluptuosidad del sonido, de la medida y la consonancia, que desbordan como un número imprevisible e irremplazable, nos hunden un refinamiento cada vez más saturado por las tentaciones del tiempo”. Sin embargo, el decursar del tiempo nos impone, la visión de las jerarquías de la metáfora y en último término las distancias musicales del idioma, la humareda o nevada de palabras, su sabor atado férreamente, aluden siempre a la vocación inflexible del poeta, refractada según la historia. Al respecto, son diversos los escritores que hablan de una poética de la fugacidad, es decir, una intuición que en su esencia no es fugaz pero que está impulsada en su origen por un hambre de eternidad. “Pero el saber que llamamos poético, esa intuición del alma (penetradora, centralmente, de la realidad temporal) que el espíritu expresa, por un lado está desde luego sustraído a toda acción utilitaria y a toda determinación impulsiva desde el punto de vista vital, pero, por otro, tampoco podemos identificarlo con la alegría y la libertad que corresponden a la forma espiritual pura, y que es causada no por una satisfacción, como ocurre en la paz del instinto ahíto, sino por una 1 2
2 trascendencia que se abre a la esencia del ser y la traspasa.” Es la esencia que en ocasiones nos hace recobrar el sentido del instinto poético, y aunque éste es interpretado, infinidades de veces, por el lente crítico del escritor, nunca llega a fomentarse a plenitud. De ahí, que hablemos de una poesía que se nutre de la universalidad de las verdades culturales, permeada de tropos diversos que vienen a posarse como amalgama inefable. Hablar de la poesía hebrea a la cubana, sería como entretejer ese misterioso don que poseen algunos elegidos y que no pocas veces se considera tanto más valioso cuanto menos personas lo entienden. Quizás, estuviéramos hablando de una apreciación poética que logre convencer a algunos y a otros, más bien desconcertar. Por ello consideraría, aún mejor, exponer desde una relacionalidad los puntos comunes entre ambas poéticas; es decir, los mecanismos básicos que componen la unidad de la expresión poética hebrea y cubana. Empezaríamos diciendo, que, en cuanto a poética hebrea se trata, «al intensificarse la conciencia del carácter sagrado de los textos, decae la conciencia de su valor literario y poético. Así sucede que, aunque los judíos siguen componiendo textos literarios (que llamamos apócrifos) y estudian apasionada y minuciosamente los canónicos, apenas tienen en cuenta su dimensión literaria». Tal vez por ello, sólo perviven imitaciones empíricas y éstos al establecer contacto con los griegos no crean una retórica y una poética hebrea. Sí, sé que te preguntarás: ¿entonces cómo vamos a hablar de una poética hebrea? Pero es que ya en la época del renacimiento, «en polémica contra la escolástica los humanistas enarbolan la Biblia para justificar su actividad poética o para exaltar el valor de la poesía frente a la especulación (
ésta etapa se reconoce el valor literario de la Biblia; un ejemplo de esto, pudiéramos
apreciarlo en Fray Luis de León (1527-1591), modelo de humanismo cristiano que fue
capaz de gustar y valorar la poesía bíblica no menos que la latina. Por sus explicaciones
sobre la lengua hebrea, por su exposición del Cantar de los Cantares, etc. A la par de éste,
también se destacaron otros escritores como Roberto Lowth (1710-1787), entre otros.
Tal como pueden apreciarse diferentes géneros poéticos en la literatura hebrea; es decir: el
canto, el proverbio o parábola, el salmo, el oráculo (conminatorio), el enigma, la elegía, la
bendición o maldición. Pudiéramos afirmar, que los israelitas no elaboraron un sistema fijo
de categorías literarias ni dieron mayor importancia a la clasificación. No obstante, una
lectura minuciosa nos permitirá apreciar, no solamente, los relatos de carácter épico sino
también los géneros populares y cultos. Entre estos, mencionaremos: Canto de trabajo(Nm
21,17); Coplas de vendimia y lagar(Jer 49,23); Cantos de danza(Ez 15; Sal 149); Canto de
desafío( Gn 4, 23-24); Canto de centinela(Is 21,12); Refranes (prov.); Acertijos(Jue 14);
entre otros. Y es que son estos géneros los que más se acercan a nuestra poesía, tal vez por
ello, tantos escritores se han inspirado en ellos para dar continuidad o quizá, tratar de
contextualizar, un poco, esa descripción de la naturaleza que queda englobada en la
alabanza litúrgica o sapiencial. 3
3 «Todo poema es así la lucha del éxtasis y el discurso. Por el éxtasis del discurso hay que sacar el idioma a su intemperie, hacia donde ya es sólo un frenesí litúrgico, hacia donde se deshiela su costumbre y resplandece fundido a la inefable tormenta de nuestro origen.» Lo que se percibe hasta ahora, en relación con la poética hebrea; y ya no estamos hablando de sus diferentes géneros, ya que será un tema que abordaremos más adelante, sino del seguimiento de ésta o de su repercusión en la sociedad cubana; lo pudiéramos puntualizar en las palabras de Vitier cuando se refiere a: «La posibilidad de poesía brilla siempre en este sueño transparentador de la memoria, que a su vez aparece o desaparece por su propia ley desconocida, ley de gracia (...) Desaparece el pasado en cuanto éste significa una experiencia terminada, o el simple recordar u olvidar unos sucesos, y se abre resplandeciente como vida sin peligrosidad vital, como promesa de vida de lo intimo del espíritu, no ya en cuanto el espíritu representa la jerarquía de la objetividad, sino en el aspecto cristiano de un espíritu encarnado, capaz de vivir y padecer dentro del orden supremo de la salvación.» Si partimos de que la poesía es la experiencia de la vida, de una historia personal o de un cuerpo animado por un soplo de energía, y teniendo en cuenta los diferentes géneros literarios llegados a nuestra poética cubana; quizás cabría la afirmación de un seguimiento de la poética hebrea. Pero, no pudiéramos obviar que «la concepción de la poesía que aparece en la Biblia, no tiene el menor contacto con eso que llamamos
imaginativa. No sólo porque nace de la revelación del Dios vivo, sino porque su visión de
las cosas es distinta. Para los griegos los dioses vigilan e intervienen en una realidad que
por sí misma, en su concreta inmediatez, tiene un sentido estrictamente humano y temporal
(Vitier: p. 113)» Pareciera que, los dioses tomen partido en las luchas de los hombres, pero
esa vida de los hombres no explica de ningún modo la vida propia de los dioses, ni al revés.
Se trata de dos razas completamente diferentes, la de los hombres y la de los dioses.
Sin embargo, para el judío del Antiguo Testamento, y más tarde para el cristianismo, por el
sentido parabólico, las experiencias de la realidad concreta sin dejar de ser temporales, son
al mismo tiempo imágenes de lo eterno. Un ejemplo de ello, pudiera verse en la zarza
ardiendo que ve Moisés, ésta no es mitológica, sino terrenal e inmediata. Es impresionante
que aunque éste no sólo es incapaz de utilizar su fe en una semejanza identificadora (fuego- 4 Cintio Vitier: Poética, pp 65-66. 5 Idem: p 75.
4 dios), donde tampoco se le ofrece un espacio vacío para que sea llenado por su imaginación con creaciones fabulosas; a diferencia, se trasluce una interrogación poética (por qué no te consumes zarza) que lo lleva a relacionarse con lo trascendente e inmediato. Una revelación trascendente que utiliza lo real y lo cotidiano; desde esta perspectiva, se intuye que: «Yo soy», en la visión de Moisés, coexiste con el fuego, respetándolo, porque también el fuego es, en su medida: no viola Dios ninguna forma ni la prostituye como vestuario insustancial; y cuando hace que la zarza no se consuma, nos está dando, entre otros, un símbolo espléndido de lo que debe entenderse por poesía cristiana: la poesía de la realidad visible, ardiendo, aquí y ahora, en el fuego de lo invisible. Sucede lo mismo con los sucesos de la familia y de la especie, las experiencias personales y el drama de la redención, las cuales se interpretan y se fundan en un constante devenir de símbolos trascendentes. Partiendo de lo afirmado, pareciera que el Antiguo Testamento es una prefiguración y profecía de Cristo. A manera de conclusión, cabe destacar lo siguiente: «Hay poesía al principio, hecha de imágenes reales, pero sin imaginación, fundada sólo en una experiencia que es a la vez inmediata y simbólica, concreta y alusiva, sin que ambas instancias puedan separarse. Esa es, en verdad, la más entrañable inspiración de la poesía cristiana. La fidelidad poética se refiere esencialmente a esa inspiración, que desde luego suele aparecer entrelazada con las consecuencias de la tradición helénica, y que en esta misma tradición, aún antes del cristianismo, se intuye también como un elemento natural de la actitud poética.» Del mismo modo, intuimos que la literatura del Antiguo Testamento es una literatura culta, de larga y firme tradición, abierta a influjos extranjeros, ejercitada en elaborar y reelaborar materiales precedentes y ajenos. No sería extraño, descubrir en esta una diversidad de géneros mixtos, difícil de clasificar por las obras posteriores. De ahí, que el estudio de los motivos que pueden emigrar y residir en géneros diversos llegue a ser tan importante como el estudio de los géneros literarios abordados. He aquí, por tal motivo, la necesidad de conocer acerca de los diferentes elementos que componen la poética hebrea; entre los cuales resaltan por su importancia: los procedimientos poéticos (vocabulario, recursos del lenguaje, material sonoro, formas, asonancia, entre otros). Del análisis de estos, es que algunos autores se han percatado de que « 6 7
5 versificados que catalogamos entre la poesía bíblica, aunque sean más didácticos que poéticos; así se destacan, muchas instrucciones del Eclesiástico». En la poética hebrea, es frecuente comparar la vida humana a una flor, a la hierba que se seca (Sal 90,4-6), a las hojas de un árbol (Is 64,5; 1,30), al mar (Job 24,14), al sol y la luna (Sal 19,6; Jue 5,20); también la poética cubana exterioriza elementos heredados y aportados de la poética hebrea. Uno de los más importantes, utilizado por gran parte de los poetas y poetisas, es
invisible, capaz de pensamiento, de voluntad y de realización de acciones deliberadas: un
ser dotado de anima. De ahí, que sea personificada, concebida como un ser capaz de desatar
tormentas, favorecer o perjudicar cosechas, escuchar ruegos, etc. Por consiguiente, no sería
raro dirigirle súplicas o quejas, brindarle ofrendas, hacer danzas y otras ceremonias en su
honor. Por otra parte, encontramos la naturaleza sumergida en una profunda poesía erótica
y amorosa, algo así como una prosecución del Cantar de los Cantares, esto pudiéramos
verlo en la poesía de Rafael Cepeda: Dispondré para ti la mesa, coceré para ti mi pan. Mi copa está rebosando. Llenaré tu copa con los racimos de mi viña. Morena eres, y hermosa, como las colinas de Quebar. Tu tallo florecerá, y tu capullo dará su aroma. Escucharás mi canto, el cantar de los cantares, el más excelso poema. Verás todas mis auroras y todos mis crepúsculos, te entregaré mis macizos de azucenas, te vestiré de azul, púrpura y grana. Te arrullaré como a paloma. Yo me levantaré y saltaré gozoso, como el ciervo y el gamo entre los áloes y los nardos. Tú cimbrearás de alegría, como un tizón delante de una tienda. Otro elemento en nuestra poética cubana con similar importancia al de la descripción de la naturaleza, lo podemos encontrar en
poética hebrea, donde gran parte de su elaboración se nutre de elementos de la realidad, así
también, en la nuestra se produce un develamiento de sus significaciones esenciales. «Si la
poesía de los siglos XVI y XVII tuvo la misión de fijar la imagen física del mundo (y a 8 9
6 veces interrogarla con desesperación genial: es el caso de Quevedo); si la poesía del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX desarrolló la actividad imaginativa, la poesía de nuestro tiempo tiene la misión, (...), de penetrar en las esencias de la realidad y colaborar en su transformación (...)» ¿Y por qué no puedo ser socialista y cristiano, si las dos cosas pueden ir mano con mano? Cristiano y socialista. (Aunque quizá no marxista, por lo que implica de ateísta y materialista.) Antes que todo el mayor objetivo es el hombre, el hombre vivo, palpitante y sufriente, el otro hombre, el mundo, la gente. La redención del hombre esclavizado por el pecado, que es, en mucho, la destrucción de su dignidad, alienado por el sistema capitalista. ¡Liberación a la vista! Cristiano y socialista. Mano con mano: socialista y cristiano. Y es que las esencias de la realidad son disímiles, si tenemos en cuenta que nos enfrentamos a una realidad cambiante, es decir, en constante transformación. Estaríamos hablando de una periodización poética donde se produce un metamorfismo de la realidad, en el que se tienen en cuenta elementos tan específicos como el acervo cultural, la idiosincrasia, la política, la utopía y su celebración, etc.; en fin, una ubicuidad de la realidad. Como lo específico de cualquier país, que en nuestro caso, lo cubano, se exterioriza en la poesía más por tácita añadidura que por decisión o relieve explícito. «Desde luego que no nos preciamos de haber encontrado lo cubano enteramente; pero además sabemos que ello es imposible, y menos en cuanto a encarnación poética, porque entonces nos faltaría el decisivo reverso oscuro, la sobreabundancia del ser, la apertura de su libertad hacia lo desconocido, que es precisamente lo que le da, en la lucha con las 10
7 fatalidades de cada momento, profundo y dramático interés a los rasgos de su alma» (Vitier: Lo cubano en la poesía, p 398). «Considerando la totalidad del proceso hasta nuestros días, y con independencia ahora de sus manifestaciones literarias sucesivas, esas diez especies, categorías o esencias de lo cubano reveladas en nuestra poesía, pueden nombrarse así: Arcadismo, Ingravidez, Intrascendencia, Lejanía, Cariño, Despego, Frío, Vacío, Memoria, Ornamento (...) cada una de las especies o esencias nombradas, incluye un cúmulo de valores y significados que han ido revelándose en el proceso histórico. Algunas atraviesan nuestra poesía desde los orígenes hasta hoy, otras tienen su mayor vivencia en la Colonia, otras aparecen o se definen más visiblemente con la República.» Cada una de estas categorías aparece de manera detallada en la obra “Lo cubano en la poesía” de Cintio Vitier. Estas, al igual que, la poética hebrea, tratan de reunir elementos tan importantes como: la naturaleza, el misterio de lo débil, la fuerza de lo suave, la antisolemnidad, la imagen mítica, la historia, la cultura, la familia, la vida oculta, el desamparo, la cotidianeidad, lo heroico, el filigrana vegetal, etc. Sin embargo, a pesar de los diferentes sistemas estilísticos, pudiéramos afirmar que pese a la prismaticidad de la poética cubana con respecto a la hebrea; en síntesis con la más reciente poesía, despojada de los tiempos de sociedad y revestida de los tiempos de solidaridad, se percibe un estancamiento poético. Algunos aluden a las coincidencias de la poética actual con rasgos del postmodernismo*, así como las interesantes similitudes entre la estética neoclásica y algunos principios de moda. De ahí, que continúen afirmando, «
ingenio, la paradoja y la ironía como procedimientos centrales de la poesía».12 Como
consecuencia, baste considerar las palabras de Luis Cernuda: «Es necesario que el poeta, haciendo suya la tradición, vivificándola en él mismo, la modifique según la experiencia que le depara su propio existir, en el cual entra la novedad, y así se combinan ambos elementos. Hay épocas en que el elemento tradicional es más fuerte que la novedad, y son épocas académicas; hay otras en que la novedad es más fuerte que la tradición, y son épocas modernistas. Pero sólo por la 11 * Roberto Fernández Retamar: 12
8 vivificación de la tradición al contacto con la novedad, ambas en proporción justa, pueden surgir obras que sobrevivan a su época.» No cabe duda que de lo trascendente ha emanado una poética venida no sólo a despeinar nuestra cultura cubana, sino ha perpetuarse en un pueblo digno de afirmar: «Somos libres e independientes por esencia, lo cual no significa que no nos esforcemos hacia la encarnación visible de ese espíritu, según las tradiciones de nuestro siglo épico (...) No se trata de la estoica libertad de la conciencia ni de la libertad como
bien de la libertad del aire que riza las aguas cada
mañana como en el Principio. No traicionar esa
libertad, esa apertura, esa dichosa esencia
inalcanzable de nuestra alma, es el deber más
profundo que tenemos (...) Porque la poesía nos
cura de la historia y nos permite acercarnos a la
sombra del umbral. Y en ella podemos atravesar
las categorías sagradas de nuestro ser para que
sea posible la comparecencia en al luz: «ni oculto
ni exterior, sólo mirado». Para que sea posible de
nuevo la Palabra, y todo se pierda otra vez en el
misterioso rumor de los orígenes.» 14 13 14
9 Bibliografía: AGUIRRE, MIRTA. Valoración de la poesía. La Habana: Ministerio de Educación, s/f. ALONSO SCHÖKEL, LUIS. Hermenéutica de la palabra. Madrid: Eds. Cristiandad. V-1 y II, 1987. CEPEDA, RAFAEL. Poesías: Cantar de Cantares, 1960. Ubicación, 1970. s/e. CERNUDA, LUIS. Estudios sobre la poesía española contemporánea. Madrid: Ed. Guadarrama, 1957. FRENÁNDEZ RETAMAR, ROBERTO. Antipoesía y poesía conversacional en América latina. La Habana: Casa, 1969. PRATS SARIOL, JOSÉ. Por la poesía cubana. La Habana: Eds. Unión, 1988. VITIER, CINTIO. Poética. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1997. Lo cubano en la poesía. Ed. Letras Cubanas, 1998.
WELLEK, RENÉ. Historia de la crítica moderna. Madrid: Ed. Gredos, 1969.
